domingo, noviembre 27
DO NOT STAND
martes, octubre 4
CONCATENACIÓN
Siempre me siento en el mismo banco, porque no veo nada, rodeada de las mismas personas, llego siempre temprano. La clase acaba a la misma hora, porque el profe es un banana. Salgo por la misma puerta, que siempre está abierta. Tengo la misma charla con Nicolás mientras volvemos, él siempre tiene las mismas quejas. Caminamos por la misma calle, las mismas cuadras, hasta que nos bifurcamos. Entonces me pongo los auriculares y mientras escucho música, llego a casa, pensando en nada. Nunca me cruzo a nadie.
Un día me senté en un banco diferente, y no ví nada, rodeada de gente que no conocía, porque llegué como nunca tarde. La clase acabó más tarde, porque el profe se puso exigente. Salí por una puerta diferente, porque ya habían cerrado la otra. No tuve charla ni quejas mientras volvía porque Nicolás no estaba. Así que caminé por otra calle, cuadras diferentes, sin bifurcación. Entonces me llamaron por teléfono y mientras escuchaba una historia, me crucé a alguien. Pensando en algo, llegué a casa.
Parece que el orden de los factores, sí altera el producto.
Un día me senté en un banco diferente, y no ví nada, rodeada de gente que no conocía, porque llegué como nunca tarde. La clase acabó más tarde, porque el profe se puso exigente. Salí por una puerta diferente, porque ya habían cerrado la otra. No tuve charla ni quejas mientras volvía porque Nicolás no estaba. Así que caminé por otra calle, cuadras diferentes, sin bifurcación. Entonces me llamaron por teléfono y mientras escuchaba una historia, me crucé a alguien. Pensando en algo, llegué a casa.
Parece que el orden de los factores, sí altera el producto.
viernes, septiembre 30
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Nos besamos. Recuerdo que me corrió el flequillo de la frente y me sonrió: ¡Qué cagada nena! ¡De ahora en más nada es lo mismo!
¡Y con qué razón! ¡Si todo concluye al fin!
¡Y con qué razón! ¡Si todo concluye al fin!
jueves, septiembre 29
CERTEZA
Pocas veces en la vida tenemos una certeza tal que nos permite desenvolvernos sin preocupación, haciendo lo que nos place la gana, con tal, el punto esta fuera de discusión.
Pero en esa clase de certeza es donde la crueldad encuentra su primer bastión. Voy, vengo, hago, omito, te quiero, te olvido, te pido, te obligo. No nos importa, efectuamos sin moderación, amparados por la insensatez, por aquella invariable seguridad.
Me atrevo a creer que esos dos se manejan así, creyéndose destinados, valiéndose de cuanta arma de destrucción masiva tengan a su alcance para demostrarse cuan fuertes son, como si alguno se percatara. No me queda duda, son indestructibles. Pero, ¿A qué precio?
Durante un tiempo se alejan, llevan vidas separadas, sin puentes. Desayunan sin sorpresa, duermen en camas ajenas, a veces se extrañan, pero nunca confiesan. Conocen personas nuevas, son tratados como príncipes y reinas. Intentan. De verdad desean. Quebrar la conexión, deshacer la certeza. Ser lanzados al viento. Nunca más intercambiar miradas. Ser sanos. Ser plenos.
Para cuando logran aquella estabilidad, el Sol se alinea con la Tierra. Hay temblores, altas mareas. Los caminos complotan, crean los roces, y como un embudo, como el ojo de un ciclón, no les deja pelea. Caen juntos. Creen juntos. Por una milésima, se encuentran.
Y ahí va de nuevo, es la certeza. Efecto rebote. Aunque no lo quieran, cada vez más fuerte los golpea. Ahora se alejan, otra vez las huelgas. Son islas. Son planetas. Si tienen suerte dejarán sus vidas sin destino. De otra manera, sólo condena, certeza que persigue, que no les da tregua. La próxima será un minuto. Es probable que desaparezcan.
lunes, septiembre 26
SANA SANA
Ah Malena, nómade vendida al pasado, al porvenir, siempre en todos lados, nunca por aquí. Le llené de arena los zapatos, y por algún tiempo funcionó, comenzó a caminar por la tierra, a respirar de a poquito en el hoy.
No sé cómo ni cuándo ni dónde la conocí, la hija de la amiga pero vecina del carnicero que le hace precio a la abuela cuando compra medio de cuadril, del recreo del secundario del curso de mi hermano del destino que nos quiso unir.
Nunca empezó, aún no se si acabó, es difícil saberlo, nos hablábamos en un mundo paralelo, donde ella me transportaba, sin cerrar los ojos. Me contaba del cielo y las estrellas, la Constitución, los impuestos. Sus amores, desgracias y promesas, Maquiavelo, José Ingenieros, Harry Potter, las uñas, su pelo. Y así como así, se acababa la bolsa de caramelos, con el mismo entusiasmo, en esa gracia infinita, moviendo las manos, sonriéndome, poniéndome a prueba, retándome a duelo.
Malena no paraba de hablar, ella diría que yo menos, pero reíamos, canalizaba a través de ella mis incertidumbres, (falsos) vacíos existenciales, arrogantes sentimientos. Cable a tierra, irónico, porque el rayo era ella, y en vez de desagotarme, me llenaba.
Algo tenía que me atravesaba, mirarla desnuda peinarse frente al espejo, paseándose de aquí para allá con mi camisa desabotonada, quejándose de la suciedad del piso, del fútbol, del frío, del calor, del ruido, de mí, de ella, de vos, de yo.
Cómo nos queríamos, cómo la quiero. Nos mirábamos con una sagacidad animal, sí claro que la recuerdo, éramos pura piel, en una confianza que no sabría explicar, y su alegría, sus besos, esa manía de abrazarme por la espalda, esas constantes ganas de hacer nada, pero juntos.
No jugábamos a la rayuela, el cielo no pretendíamos tocar. Sólo saltábamos la soga, hasta que alguno habría de tropezar. Y sí, caímos, raspones en las rodillas nada más.
Malena es tan avasallante en su querer que se olvida seguido que muchas cosas es mejor no saber.
Malena es tan avasallante en su querer que se olvida seguido que muchas cosas es mejor no saber.
Nada muy torcido, en una retrucada de palabras perdí el malabarismo, me pisé solo, por así decirlo. Qué se yo, mejor dicho, sí se yo, nunca me entregué del todo a ella, no sé si le mentí alguna vez, pero en aquel momento su transparencia me asesinó, no quise atarla a mis fantasmas, nos dejamos ir.
Nos abrazamos por última vez, y mientras la veía alejarse por el pasillo, chueca y desprolija en nada pensé (tanta frialdad no confesaré), lo curioso es que con el tiempo las curitas necesité, la caída fue más fuerte de lo esperé, el raspón entre nostalgias de noches largas comenzaba a crecer. ¡Ah Malena! ¿Cuándo te volveré a ver!?
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